Hemos vuelto. Con heridas de guerra pero sanos y salvos. Los días han pasado volando. Las horas pasaban entre cala y cala. Parecía que estabas en perdidos o en supervivientes, porque alrededor tenías árboles y al frente el mar, de aguas cristalinas. En agosto si quieres ir a las mejores calas debes madrugar o ir por la tarde porque se llenan y cierran el aparcamiento. Y tienes que andar un ratito hasta muchas de ellas. A nosotros la más lejana nos pilló a 45 min de coche y 30 min caminando. Algunos caminos son complicados, en uno de ellos me caí y me hice mi herida de guerra, pero merece la pena. Sergio me tenía envidia y el último día tras saltar al mar, piso un erizo y se ha traído las púas en su pie de recuerdo.
Vimos atardecer desde un acantilado. Vimos un pueblecito todo blanco. Subimos al punto más alto de la isla. Descansamos. El hotel estaba muy bien. Eran apartamentos y luego desayunábamos y cenábamos en la calle, al lado de la piscina viendo el espectáculo en el caso de la cena. Además nuestro hotel estaba al borde de un acantilado y también se veían de maravilla las puestas de sol. Vimos los dos puntos clave de la isla (Ciudadela y Mahón). No sabía que teníamos sitios tan bonitos tan cerca.
4 comentarios:
Ni yo, hasta que te ví a tí.
Un lugar precioso, ideal para descansar y hacer rutas caminando.
Espero que los dos estéis mejor de vuestras heridas de guerra.
Un besito
Menorca... esa era mi elección para este año, y al final mis pasos me llevaron de vuelta a mi Mexico lindo y querido... Para el año Menorca seguirá ahí, y ya tengo ganas de descubrila... Bienvenida guapa! Un besote
Qué bonito, no hay nada como recordar los buenos momentos, y las vacaciones normalmente están llenas de ellos. Anotamos Menorca como futuro destino. Un besito y bienvenida
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